Clementina y durazno abren con chispa verde de hiedra; el centro es un floral pulido donde el osmanto aporta ese matiz entre chabacano y ante. El fondo, ámbar seco con cuero y vetiver, lo aleja de lo goloso.
Es de las apuestas grandes recientes de la casa neoyorquina y en México apenas asoma en departamental. Botella de 90 ml.