Alberto Morillas construyó una flor que no existe: la amapola no huele, así que la imaginó con violeta de Parma, rosa búlgara y un colchón de almizcle blanco con vainilla. El resultado es empolvado, limpio y reconocible a metros.
Desde su debut en 2000 es el corazón de la perfumería de Kenzo. Aquí va el formato de 50 ml, con más de dieciséis mil valoraciones de la comunidad global respaldando su fama.