Es un fougère con sonrisa: la lavanda clásica está ahí, pero el anís y la menta le quitan lo serio y la tonka le pone lo dulce del fin de semana. Dura bien y huele a ropa recién puesta.
La casa española lo lanzó en 2019 dentro de su línea de fragancias con guiños británicos. Fue el hallazgo más limpio de la validación: su precio se corroboró hasta en la tienda oficial mexicana de la marca.